TERAPIA DE FAMILIA

La terapia sistémica es un modelo de psicoterapia que se aplica en trastornos y enfermedades psíquicas concebidas como expresión de las alteraciones en las interacciones, estilos relacionales y patrones comunicacionales de la familia vista como un todo.

Para su desarrollo utiliza conceptos y aplicaciones de la teoria general de los sistemas, la cibernética, la pragmática de la comunicación humana y ultimamente de los modelos construccionistas. El centro de su accionar se basa en la interacción bidireccional de las relaciones humanas, con fenómenos de retroalimentación constantes que influyen en la conductas de los individuos, siendo el más afectado el llamado miembro sintomático que expresa la patología psiquiátrica y al cual muchas veces se le estigmatiza.

A diferencia de otras orientaciones terapéuticas, aquí media bastante tiempo entre sesión y sesión; a veces, de tres a seis semanas. El número total de sesiones depende de los avances obtenidos en el proceso psicoterapéutico, por lo general se dan en promedio entre 10-14 sesiones.

En su origen, esta terapia se desarrolló para las familias en cuyo seno había alguien que sufría una enfermedad psíquica grave. Poco a poco se ha ido abriendo a otras situaciones patológicas.

La psicoterapia de familia que reconoce la influencia de la Psicología Narrativa, postula al menos dos grandes diferencias con los modelos más tradicionales en este campo.

  1. Según los enfoques más tradicionales, los terapeutas "leen" pautas de interacción, pensamientos y sentimientos de los miembros de una familia, y los interpretan en relación a un modelo del funcionamiento de los sistemas familiares, con el fin de promover el cambio.

    Esto puede generar dos tipos de dificultades (Weingarten, 1998)

     

  2. El terapeuta es un observador de un fenómeno con el cual se implica de manera no sistemática. Es decir, hay un momento en que se puede mirar "desde afuera".

  3. El terapeuta asume que cada actor de la interacción familiar tiene similares oportunidades para influir en las reglas del sistema. Es decir, tiene la noción de que los roles de los miembros de la familia no están determinados por relaciones de poder predefinidas socialmente.

  4. El enfoque narrativo pone el énfasis en una construcción colaborativa del cambio, el cual se sustenta en el diálogo entre el paciente y el terapeuta, teniendo esta conversación un carácter más simétrico (el terapeuta es menos experto en cómo "debe vivir la gente")

Este enfoque ha sido criticado como vago, debido a que no se aclara suficientemente la responsabilidad del terapeuta, mientras sus defensores sostienen que los enfoques más estratégicos están excesivamente centrados en el cambio de comportamientos, sin tener la dedicación para revisar los criterios desde los cuales ciertas conductas se consideran más apropiadas que otras. (Eron, 1993)

Se sostiene que no se trata meramente de utilizar la técnica del "Reencuadre", ampliamente difundida desde el enfoque estratégico o estructural, sino posibilitar la re-narración de significados que abarcan el pasado, el presente y el futuro de un cliente.

Según Goolishian y Anderson, "los problemas no son más que realidades socialmente creadas que son sostenidas por comportamientos y coordinadas en el lenguaje" (Goolishian y Anderson, 1987). White y Epston también indican que: "No es la estructura subyacente o la disfunción lo que determina las conductas e interacciones de la familia, sino más bien son los significados que los miembros atribuyen a los hechos los que determinan esa conducta"

Del mismo modo, Penn y Frankfurt, señalan que "los eventos existen como construcciones lingüísticas, y un discurso social puede ser visto como palabras que surgen en respuesta a otras palabras" por lo cual los problemas pueden ser descritos como "un monólogo que se experimenta como autoacusatorio y negativo"

En este enfoque, las personas experimentan problemas cuando las historias de sus vidas no representan suficientemente toda su experiencia vital. Sin embargo, las narraciones no son cerradas sobre sí mismas, sino que hay un flujo entre la experiencia y el relato. "Las estructuras narrativas organizan y le confieren sentido a la experiencia, pero siempre hay sentimientos y experiencia vital que no está totalmente enmarcada en una historia dominante" (Bruner; 1986)

Por este hecho, la finalidad de la acción terapeútica es "abrir caminos a otras voces, implica considerar que existen alternativas para actuar, y además para definirse. El Sí Mismo se enriquece al recoger narraciones de otros contextos y puede surgir voces que contrarrestan los monólogos negativos" (Penn y Frankfurt, 1994)

Lo que se busca, entonces, es crear un espacio de diálogo entre cliente y terapeuta, donde se contruye un nuevo flujo de conversación, donde el paciente "juega" (en el sentido de Winicott) con un margen más amplio de relatos sobre el pasado, presente y futuro; recordando, fantaseando, especulando, esperando, deseando y probando nuevas voces para sus propias experiencias y para sus imágenes de los demás. (Penn y Frankfurt,1994)